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Durante cuatro años, Antonio de Felipe se ha dedicado a reinterpretar la realidad y otras obras de arte clásicas y modernas a golpe de pincel y spray. El resultado: Graffiti Pop que ha podido disfrutarse el pasado mes de abril en la Casa de Vacas, ubicada en El Retiro madrileño, donde este artista urbano ya ha expuesto en ocasiones anteriores..

De Felipe reivindica el arte pop como algo más que un recurso decorativo superficial y, mediante la mezcla de street art y pop art, deja su mensaje: cada obra tiene una historia detrás. Tras su paso por Miami, donde ha ganado a pulso su pseudónimo de graffitero, The Beast, nos ofrece una obra que difiere de todo su trabajo anterior: una aventura pop multisensorial, de arte urbano, que protagoniza el graffiti. El influjo de Miami se presiente en el fulgor de los neones comerciales típicamente yanquis y la exuberancia decorativa. «He querido trasladar un trocito de Wynwood (el barrio artístico de Miami). Además tengo ese carácter valenciano de crear para destruir, me interesa el arte efímero».

Siguiendo ese código íntimo, se retrata más que nunca: Antonio de Felipe encaramado a un buzón de correos, convertido en uno más entre los obreros del Almuerzo sobre un rascacielos, con alas de neón como un ángel callejero y terrenal… Cuatro años de trabajo dan como fruto 60 obras de gran formato en clave urbana e hiperrealista, al óleo, pintura acrílica, spray, aerógrafo, rotuladores.

Hablador, enérgico y de mirada frontal, se detiene frente a Diamonds are a girl’s best friend, en que revisita a Audrey Hepburn, que junto con las vacas decoradas con motivos publicitarios es su icono más reconocible e imitado. Sus aventuras comerciales han resultado en camisetas, carteles, vajillas… y recientemente en los bolsos que ha decorado para la diseñadora colombiana Adriana Castro. En la corriente de acercar el arte a todos, uno de sus afanes es realizar obras asequibles a todos los bolsillos, sobre todo para que los jóvenes puedan invertir en obras auténticas. «No me molesta que me consideren un artista comercial, en el buen sentido. Me gusta dar opciones a la gente para que puedan tener algo mío» alega ante la reacción que ha habido cuando se ha lanzado a la comercialización de sus diseños: camisetas, llaveros, carteles, vajillas, bolsos…

‘Diamonds are a girl’s best friend’

De Felipe juega con el contraste entre el arte urbano y la incursión en el hiperrealismo, motivada por su «deseo de superación» como artista. Más allá de las innovaciones, permanece su universo creativo, cuajado de referencias a maestros como Munch, Manet, Basquiat, Keith Haring…, que le sirven para cometer lo que califica de «travesuras artísticas», Banksy («no podía faltar en una exposición relacionada con el grafiti») y la cultura pop y de consumo.

En el otro extremo de la sala destaca El beso. En la obra, un jugador del Barça y otro del Madrid se enlazan en un ósculo, a imitación del mural de Banksy que muestra a dos policías en idéntica actitud. Pero De Felipe rechaza la idea de provocación. «Es un trabajo que habla de integración. Provocar por provocar sería banal en mi iconografía».

Mientras recorre la exposición, hace notar los abundantes detalles y guiños presentes en sus obras para defender que el Pop no es un arte «facilón». «A lo largo de mi carrera he ido eliminando el estigma del Pop como corriente superficial y puramente estética». En 2003, recibió un duro ataque en ese sentido por parte de la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana, que criticó la compra de doce obras suyas por el IVAM. Los galeristas le definieron como «el peor artista de la Comunidad».

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De Felipe apunta a la envidia como el motivo del embate. «Fui un boleto de lotería premiado que pasó por delante de muchos galeristas. Luego les fastidió mucho no haber apostado por mí. Hay una mano negra en Valencia que me boicotea».

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