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En el Museo de Historia de Alemania de Berlín, a minutos andado de la cancillería desde la que Adolf Hitler demostró que el mal puede ser transmitido como un virus a la casi totalidad de un pueblo y a menor distancia aún del domicilio de Angela Merkel, se exhibe ahora un cuadro donde el Führer aparece representado como lo que realmente fue: un polichinela miserable y acomplejado, sádico y, pese a las manos ensangrentadas, condenado de antemano a caer víctima de su propia mediocridad y voracidad asesina…

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Por José Angel González

La acuarela Das Lied ist aus (La canción ha terminado) fue pintada por el artista checo Pavel Fantl (1903-1945), asesinado con su esposa y el hijo del matrimonio en el campo nazi de Auschwitz. Los 80 cuadros y dibujos que pintó, sobre todo en el gueto de Praga, fueron escondidos por un empleado ferroviario que conocía a la familia. Salieron a la luz tras el final de la II Guerra Mundial.

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Suelas de algodón

Es la primera vez que el Hitler-payaso se exhibe en Alemania, un país que se toma su tiempo y camina con suelas de algodón cada vez que debe recordar la matanza sin justificación que admitió por activa o pasiva bajo el mando de los dirigentes a los que había elegido democráticamente y seguido con ceguera. La exposición Kunst aus dem Holocaust (Arte del holocausto), del 26 de enero al 3 de abril, en el museo público nacional de referencia dedicado a la historia, reúne un centenar de obras de arte pintadas en campos de concentración y otras instalaciones represivas por víctimas de los nazis.

Resistencia sin concesiones: dibujaron y pintaron en peligro de muerte De lo 50 artistas representados en la estremecedora muestra, 23 fueron asesinados. Todos sabían que se jugaban la vida por esbozar con lápices, pigmentos, pinceles o lo que tuvieran a mano la realidad salvaje de lo que estaba sucediendo en los territorios de la Alemania nazi, donde la eliminación por motivos de raza, ideología, opción sexual o simple capricho fue concebida como una industria. “En un acto de resistencia sin concesiones, los artistas dibujaron y pintaron en peligro de muerte”, dicen desde el museo.

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Obras cedidas por Yad Vashem

Los fondos de la exposición vienen en su totalidad de Yad Vashem (nombre tomado de la expresión nombre permanente del profeta bíblico Isaías), lainstitución oficial del gobierno de Israel en memoria de las víctimas judías del holocausto. Es el mayor lote de obras que ha sido cedido para una muestra en el extranjero por el organismo ubicado en la vertiente occidental del Monte del Recuerdo de Jerusalén.

Creadas en condiciones inhumanas y en el más absoluto secreto Creadas en “condiciones inhumanas y en el más absoluto secreto”, las piezas son puntos de vista vivenciales de los prisioneros judíos encerrados por los nazis en campos de concentración y trabajo y guetos.

‘Fuerza ante la adversidad’

“Dan testimonio”, añaden desde el museo, “de la fuerza del espíritu humano ante la adversidad y la muerte y muestran el conflicto entre la realidad del holocausto y los mundos imaginarios de las víctimas (…) Algunas retratan vívidamente las humillaciones que tuvieron que soportar, mientras que otras tratan de contrarrestar la deshumanización implacable, poniendo de relieve al individuo y la vida espiritual interior”.

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Una mariposa amarilla y los Pirineos

Una mariposa amarilla posada sobre un alambre de espinas encarna la esperanza de la venida de la primavera en Ein Frühling (Una primavera, 1941), un dibujo de Kurt Löw, diseñador textil de Viena, y Karl Bodek, fotógrafo de Chernivtsi (Ucrania). Con frecuencia trabajaron juntos en el campo de Gurs, al sur de Francia, en el que fueron internados cuando intentaban llegar a España —los Pirineos pueden verse al fondo de la composición—. Löw fue liberado a los 28 años y consiguió huir a Suiza. Bodek murió en Auschwitz a los 37 años.

Las obras de Leo Haas fueron usadas como evidencia judicial contra los dirigentes nazis Mucho más tétrica es la escena de Ankunft eines Transports in Theresienstadt (Llegada de transportados a Terezin, 1942), una tinta aguada donde Leo Hass muestra una procesión de prisioneros avanzando por un paisaje nevado hacia el campo de concentración. Haas sobrevivió al internamiento y la guerra. Sus quinientos apuntes del natural fueron usados como evidencia acusatoria en procesos judiciales contras dirigentes y mandos nazis.

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Dibujo de una niña de ocho años

En el dibujo Mädchen im Feld (Mujeres en un campo, 1943), la niña Nelly Toll, de ocho años, muestra a dos mujeres en un prado, quizá madre e hija, saltando y con ropa colorida. La cría, encerrada en un gueto polaco, logró escapar con su madre y esconderse en una caseta que le prestó como refugio una familia cristiana. Toll emigró a los EE UU tras la guerra, estudió arte y es la única persona aún viva de los 50 autores de las obras que se exponen en Berlín.

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