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San Petersburgo es la ventana rusa abierta a Europa, majestuosa ciudad imperial de Pedro el Grande y la dinastía de los Romanov, donde cada piedra es histórica. La ciudad fue construida con un esfuerzo increíble en una zona pantanosa y gélida que sufría de los vientos del norte y las inundaciones…

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Catedral de Kazan

En ese lugar imposible Pedro el Grande quiso fundar no sólo una ciudad, sino una idea de ciudad: la moderna capital que, como creía el zar, necesitaba Rusia. Es la ciudad más europea del país creada como un puente, por el cual en la vida rusa han entrado muchos valores de la civilización europea. Petersburgo fue planeada, diseñada, construida y decorada íntegramente por arquitectos e ingenieros de Francia, Italia, Holanda, Inglaterra.

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La Plaza de Palacio

Todo en San Petersburgo parece brillar. Brillan las cúpulas, las puertas, el agua de los canales con los rayos de sol, los coches, y hasta las sonrisas de los transeúntes. El esplendor de la bella urbe rusa, catapultada a la fama europea por los zares y sus opulencias, sigue más vivo que nunca. Creada en tan solo 300 años, levantada de la nada y rehecha muchas veces, se apoya en su monumental arquitectura para contar su historia.

De una belleza apabullante, flanqueada por 40 canales al estilo de Venecia, y atravesada por la variopinta Avenida Nevski, que merece una visita detenida por sus lujosas tiendas y coquetos cafés, la antigua Leningrado (llamada así hasta 1991) ofrece al viajero una especie de museo al aire libre, el metro más profundo del planeta, decorado con esmero con pinturas y relieves, y un sinfín de templos, palacios y monumentos. Presentamos cinco monumentos de visita obligada:

Winter Palace. The Hermitage

El Palacio de Invierno con su Hermitage

Su fachada barroca se alza con grandeza frente a la plaza, del mismo nombre, que ostenta en su centro la columna de Alejandro y en la que se consumó la Revolución Rusa. En su interior se halla una soberbia colección de arte, capricho de la emperatriz Catalina la Grande, que hoy hace parte del monumental Museo Hermitage. Picasso, Matisse, Leonardo o Rembrandt… En sus 332 galerías alberga 3 millones de piezas, desde momias egipcias hasta artículos originales de la dinastía Romanov.

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La gran Catedral de San Isaac

Cada una de sus columnas pesa 114 toneladas… Es una de las catedrales más grandes del mundo y su construcción necesitó 40 años (1818-1858), representando uno de los máximos esplendores arquitectónicos del siglo XIX. Su cúpula dorada, cubierta con 100 kilos de oro mezclado con mercurio, y que causó la muerte de los obreros que la cubrieron. Es ideal tras subir 262 escalones para contemplar unas vistas increíbles de la ciudad.

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Fortaleza de San Pedro y San Pablo

Al otro lado del río Neva, en un área conocida como Petrogrado, se divisa una catedral ortodoxa coronada por una alta aguja dorada con un ángel en la punta, es la edificación más antigua de la ciudad (1703). Está dentro de la fortaleza, construida por Pedro el Grande y donde Dostoievski tuvo su primera cita con la muerte. Es usada para entierros y dentro se pueden ver los sarcófagos de distintos zares y miembros de la dinastía Romanov.

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Peterhof, el Palacio de Verano

Como existe un palacio de invierno, también hay uno de verano, y este, fue construido sin escrúpulos, llegando a ser uno de los palacios y parques más refinados del mundo. Pedro I, quiso construir una residencia que eclipsara al Palacio de Versalles francés, y tal vez se le acercó bastante. Sus deslumbrantes fuentes, sus setos perfectamente podados y sus colosales dimensiones son una auténtica maravilla y merecen la pena el viaje, a 30 kilómetros de San Petersburgo. Tiene un pasadizo entre grandes árboles que llega hasta el mar Báltico junto al golfo de Finlandia, es una de las siete maravillas rusas y, aunque fue ocupado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, aún conserva su esplendor y su magia.

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La iglesia del Salvador de la sangre derramada

El Zar Alejandro II fue asesinado con una bomba en el lugar donde ahora yace esta colorida iglesia de construcción neo-bizantina, erigida por orden de su hijo, Alejandro III. El peculiar estilo llama la atención desde la Avenida Nevski, pasando por el canal Griboyédova.

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